viernes, 18 de diciembre de 2015

¿Qué Color Llevas?

    Lo que les sucedía mientras dormían era solo un apagón de conexiones que hacían los científicos para poder así recuperar los datos que durante el día no podían. Aquella escena era perturbadora para cualquier persona que fuera bastante sensible. Los tubos que les conectaban a la cabeza extraían un líquido de una textura espesa y un color crema parecido al pus. Estos tubos iban a una especie de filtro que limpiaba la sustancia y le quitaba la información necesaria que contenían y las llevaban a las computadoras. Luego el líquido volvía al cerebro del fenómeno con una información filtrada. El tubo que llevaba el líquido de un fenómeno tenía un escape que los científicos pasaron por alto hasta ese momento, cuando la sustancia no pudo llegar al cerebro de Raquel siendo un peligro para todos y para ella. Esto conllevaba una serie de efectos en cadena. Si el líquido no llegaba al cerebro de su receptor, la persona entraría en un estado de catástrofe llevándolo a la muerte o convirtiéndolo en una persona completamente vegetal. El líquido se desparramo por todo el lugar y la especie de pus se adhirió al suelo haciendo de esta una mezcla pegajosa y resbaladiza. Rápido se activó la alarma y el equipo de salud fue a limpiar y asegurar el perímetro. Aquello era peligroso para todos, pero la doctora decidió no abortar la misión y continuar con los estudios. La pobre Raquel calló en un estado de convulsión severa, pero por suerte no le ocurrió lo que se supondría que pasara. Esta se levantó y se desprendió de toda la maquinaria y atacó a uno de los científicos. Su pelo estaba alborotado y sus pupilas muy dilatadas, ella no sabía dónde estaba y todo lo que le rodeaba era peligro. Sus poderes se activaron y su pelo se prendió en fuego, mientras que sus manos parecían antorchas vivas. Comenzó a lanzar bolas de fuego por todo el recinto y las personas corrían despavoridas. Sus ojos se tornaron completamente oscuros y de su espalada le salieron alas. La Doctora Marcel observaba todo desde su oficina en la esquina superior del recinto y cubierta por un cristal blindado. Raquel miro hacia el techo mientras lanzaba una bola de fuego que consumía parte del mismo y ella salía volando tras aquel círculo que ardía, pero no llego tan lejos antes que la doctora encendiera la cajita cerebral haciéndola caer como pájaro cazado por un cazador experto. El pelo de la chica ahora soltaba volutas de humo que se consumían en aquel aire lleno de tensión. Un equipo especial de seguridad llegó y le inyectaron un tranquilizante a Raquel, mientras le colocaban unas esposas algo extrañas en forma circular, que le impedía mover sus manos. La doctora desconocía que el fenómeno tenía alas así que la llevaron a un laboratorio para examinarla. Raymond sabía que era una mutación por los ejercicios que les estaban haciendo. Mientras todo en el recinto era un desastre, en otro lugar comenzaba otra prueba.
    En la isla el crujir de aquel metal se hacía más fuerte, era el mismo sonido que hacen los submarinos cuando bajan a las aguas profundas y la presión del agua es muy fuerte, y se siente ese sonido que pone la piel de gallina. Todos despertaron, pero no encontraron a Raquel, lo cual por primera vez sintieron el miedo y el desconocimiento. La doctora estaba muy ofuscada con la chica que olvido dar la señal para que manipularan un recuerdo. Este era el momento que Charlin y Raymond esperaban, esta era la chispa que encendía la leña verde, haciendo una capa de humo que los atraparía a todos. La chica miro a su amigo, mientras se guardaba la cuchilla que arruino la manga del tubo y sonrió, este le devolvió la sonrisa y con un asentamiento de cabeza se desplazó hasta un botón de un color verde, esto era lo que continuaba. La Doctora había olvidado dar la orden de paralizar todo, por lo que el científico librándose de toda culpa y con algo de mala fe, continúo con su trabajo, presionando el botón, lo que hacía era desplazar a la isla los llamados “Fost” que eran una especie de humanos, pero hechos en computadoras. Eran una especie de hombres robóticos que causaban algo de temor por su estructura física, eran altos, con unos pies muy grandes y uno de sus dos brazos era en metal y tenía alguna arma. Algunos tenían una especie de alicate, otros alguna lanza o punta filosa, muchos unos dedos mecánicos que no median su fuerza al agarrar los objetos, su jefe era el único que tenía la capacidad de cambiar el arma y podía tener la que él quisiera. En los ojos de los Fost no podías ver nada, pues eran robots y carecían de toda la esencia, pero había uno que si tenía diferencia ante todos. Era un Fost un poco más bajo que los demás, solo por algunos centímetros. Esto lo hizo Raymond con su conocimiento en el campo de la robótica y era el que llevaría el mensaje. Lo infiltro para que su misión fuera viento en popa. Cuando este activo a los Fost la Doctora pegó un grito, pero ya era tarde. Ella misma había hecho que los científicos no pudieran revertir la misión una vez activada. Ya no había marcha atrás y los humanoides salían del Tupzi.
    Los fenómenos salieron a la playa en búsqueda de Raquel. En la vanguardia iba Murray que expulsaba de su cuerpo una luz fluorescente pareciendo un palito de esos que alumbran en la noche. En la retaguardia iba Ricardo con la misma apariencia. Mientras que el grupo miraba a su alrededor y activaban sus respectivos poderes. Una de las chicas descubrió un poder nuevo y se asombro de que desde su mano expulsara un haz de luz como una linterna. Muchos otros irán descubriendo sus poderes a través del tiempo. El crujido de metal se detuvo de momento, dando a su paso un silencio que no duro mucho pues desde la cima del volcán se escuchó un grito desgarrador y gutural proveniente de un Fost. Todo el grupo volteo a ver y vieron a tres de ellos en la cima.  No sabían lo que eran, pero sospechaban que eran peligrosos.
-Tenemos que protegernos.- dijo Francisco.- no podemos correr riesgo. Sé que algo extraño ha sucedido. Debemos buscar a Raquel y ver que está pasando.
-Coincido contigo. Debemos ver que es lo que sucede. Esto no está bien.- le dijo Murray mientras convertía una hoja del suelo en una mochila color verde.- Debemos buscar conque protegernos, no estamos seguro en la selva, vayamos a la playa y allí armaremos un plan.
-No nos distanciemos muchos y si alguien es atrapado por los…- Miranda se quedó en silencio pues no sabía el nombre de los humanoides, pero pronto lo recordó.- Fost, griten y Carla los escuchara.
    Carla era una chica menuda, con apenas 16 años que tenía un oído muy sensible y que sus poderes provenían de los animales. Tenía vista de águila, trepaba como un mono, tenía la fuerza de las hormigas y muchas características más.
   La Doctora Marcel fue directo a donde Raymond.
-¿Porqué encendió usted el botón de los Fost, sabiendo que estábamos en una situación de emergencia?- le pregunto la Doctora, mientas no le quitaba el ojo de encima.
-No habíamos abortado la misión, esa fue su orden. No recibí una orden contraria. Así que continúe con la misión.
-Bien.- fue lo que Raymond recibió de Marcel.- pero si me entero de que lo hizo con toda intención. Ya sabe que le puede suceder.  ¿Verdad?-
Raymond sabía muy bien lo que le ocurría a los que intentaban ir en contra de la organización. Ya habían perdido a mucho de sus amigos en manos de la doctora. Los desterraban a la ciudad y esta no era nada buena desde un tiempo para acá, luego de la tormenta que se desato y dejo a las personas algo trastornadas.
Raymond trago hondo y contesto con un firme sí. El no flaquear le dio a la doctora un poco más de confianza.

-Continuemos entonces.- dijo la doctora, mientras se iba a su oficina.