lunes, 17 de agosto de 2015

Diario de un chico escrito por un desconocido; Lo que faltaba.

Aún no podía creer que allí se encontrara Amalia. No cabía en mi mente pensar que Mercedes había hecho aquella jugada. <<Mercedes no es capaz>> pensé y justamente el mesero me conducía a una mesa diferente.
-Por aquí señor- me dijo Ramón, el mesero, señalando tres mesas más debajo de donde estaba Amalia.
    Me senté y rápido el mesero fue a buscar la carta. No podía creer que Amalia estuviera allí y tan linda que estaba. Un traje azul más abajo de la rodilla con un escote en la espalda, unos tacones negros que hacían juego con un bolso pequeño que se encontraba sobre la mesa, muy maquillada y con el pelo muy arreglado para ser una simple cena. Un olor a perfume frutal se apodero de mi nariz al mismo tiempo que la persona que lo traía puesto, un caballero alto y elegante pasaba por mi lado. Tenía que tener algunos treinta años, llevaba una barba bien cuidada y su pelo, corto. Aquel hombre llevaba un Rollex en su muñeca, un traje gris muy de su talla y una colonia muy cara. Fue directamente a la mesa de Amalia y esta se puso de pie. Le dio un abrazo y un beso apasionado y volvió a acomodarse. Esta vez el hombre quedaba frente a mí y podía ver su rostro perfecto, ojos canela, nariz perfilada, sonrisa muy cuidada. Se me hacía familiar, pero no concebía saber dónde lo había visto antes.
-Vaya premio se buscó Amalia.-tome una copa de vino, cortesía de Mercedes y la vacié al instante. Ya en mi interior se cuajaban los sentimientos e iba captando lo que de verdad sentía por ella.
-¿Desea un aperitivo o sopa? – Ramón era muy simpático (Era su trabajo) un bigote espeso lo hacía lucir mucho más mayor de lo que era.
-No, gracias. Tráigame lo que me dejo Mercedes. Por favor.
-En breve.
     Mis sentimientos de verdad excedían mis expectativas, no sabía que le tenía tanto cariño. Pensaba que sus sentimientos hacia mi eran semejantes. Aquella vez en el bosque me transmitió todo lo contrario, su cuerpo fue mío y el mío de ella. No había transmitido sentimientos así en largo tiempo y ahora que lo hacía me volvían a fallar. Solo quería ir donde se encontraban ellos dos, pero no tenía la fuerza de hacerlo y además ¿Qué sacaría con eso? No soy de esas personas que van por la vida obligando que las personas sientan cosas por ellos. No, yo soy del tipo de persona que si no sientes nada por mí, te puedes retirar y aunque me haga daño se sobrellevarlo. Pero detesto que me hagan creer ilusiones, que me hagan perder el tiempo que tan valioso es para mí.
     Al llegar a este punto no sé por cuantas copas voy y la botella ya casi se vacía, me sirvo otra copa y pido a Ramón una nueva, esta va por mi cuenta. Que Mercedes se vaya al carajo. Por culpa de ella es que me siento así, si ella no me hubiera reservado esta cena seguiría bien. Ahora me siento una basura, pensando que Amalia solo me utilizo y la odio más y más. Quiero ir allí y que vea mi rostro, vea mis ojos y se sienta peor por hacerme creer algo.
     Ya la segunda botella iba por la mitad y el regalo de Mercedes, una caja de líneas negras y roja estaba frente  a mí. Al abrir el regalo me lleve la sorpresa de que era una cámara nueva, inclusive había salido al mercado hace unas semanas. Fue un gran detalle. La volví a guardar en la caja y vacié otra copa y decidí ir a tomar aire fresco. Deje el regalo sobre la mesa y le indique a Ramón que lo dejara en la recepción, que pasaría mañana por el mismo.  Al ponerme de pie el mundo daba giros y me llevo algunos segundo adaptarme al entorno. Tome la botella de vino y al pasar por la mesa de Amalia me deje sentir. Ella se reía a carcajadas y aguantaba la mano del abogado. Al verme, su rostro palideció, se ahogó con la risa y rápido soltó el brazo del susodicho. Era como si hubiera visto un fantasma, en mi cara se dibujó una cara de satisfacción y luego de desearle bonita noche. Escuche a mis espaldas como Amalia me decía.
-Lo siento mucho Gael, no fue mi intención. Eres un gran amigo.
<<Un gran puto amigo. >> La mire, alce mi mano  y solo le sonreí diciéndole.- no te preocupes, entiendo.- Salí del restaurante dando tumbos y los deje atrás. Amalia hizo el intento de seguirme, pero la detuve diciéndole que todo estaba bien, que subiría a mi habitación.
    Ella se lo creyó, salí del hotel a tomar aire y divague por las calles tomando lo que quedaba del vino. La termine y entre a una licorería, compre un Gin Tonic y llegue a un parque. Un árbol recibió mi vómito, me limpie con la manga del gabán y seguí tomando. Fui a parar a otro árbol, en el piso sentado reflexione todo lo que había sucedido. Desde mi ex, mis aventuras y Amalia. Pensé que era hora de volver a casa, de dejar de mentir ir con mi familia, ser aquel Gael que todos querían. Dejarme llevar por toda la sociedad y dejar a tras mi sueño. Pensé en que ya era hora de hacer eso o escapar de este mundo. Tampoco sería la primera vez que lo haría, cuando adolescente estuve recluido en una clínica por algunos meses y antes de venir al extranjero paso lo mismo. Estando acá también lo intente, pero nadie se percató. Veo que mi mundo se apaga y al abrir los ojos una luz me ciega por completo, me siento devastado.

     El día me sorprendió en el parque, tal si fuera un vagabundo, con la ropa de la noche anterior y los recuerdos amargos de Amalia. Chequeo el móvil y veo algunos mensajes de Amalia, los cuales ignoro por ahora. Me pongo de pies y sigo caminando, al cruzar la calle no me percato y un carro toca su claxon, el mundo se apaga mientras un colmenar de imágenes pasa por mi mente...