lunes, 24 de agosto de 2015

Diario de un chico escrito por un desconocido; No hay mal que por bien no venga

     No fue nada por lo que me tuve que preocupar. El auto se detuvo justo a tiempo, el espacio que dividía mis piernas del auto apenas eran algunos centímetros. Mi vida se fue en blanco, divague un rato mientras caía en cuenta que estuve a punto de irme del plano físico. La persona, un hombre de algunos 40 años se bajó del auto y dijo algo que no pude entender. Solo me disculpe y fui directamente al hotel, recogí el regalo de Mercedes y subí a la habitación para darme una ducha con agua tibia. Solo pensaba en lo que había hecho para merecer semejante dolor, otra vez. Primero fue Mónica y ahora Amalia. Salí de la ducha y me vestí, vi el móvil y lo primero que pensé fue que necesitaba distraer mi mente; llamé a Hugo.

-¡Hey!- contesto alegre.- ¿Qué es de ti? ¿Estás bien?

-Hey. ¿Tienes planes para hoy?

-Solo en la noche. ¿Por?

-¿Nos podemos encontrar en el bar que está esquina? Necesito distraerme.- confíe que dijera sí.

-Dame unos minutos y allí estaré, pero ¿Estás bien? – me pregunto en un tono de preocupación.
-Te cuanto allí.- y colgué.

    Tome un taxi para que así el tramo fuera más cómodo y solitario. Llegue a mi piso y al abrir un olor a humedad y basura acumulada, abarrotaba el ambiente. Tire todo lo que traía conmigo, agarré un abrigo y cerré instantáneamente la puerta.

    El bar de la esquina tiene por nombre “La Esquinita” era un lugar muy cómodo donde las cervezas de barril eran la especialidad. Al entrar los aromas de los barriles acaparaban el olfato y los colores rojos con el contraste marrón de la madera tratada, que adornaban las paredes, era exquisito. Al fondo del local una tarima servía como exposición artística local los viernes, los jueves eran de comedia y los miércoles eran de lecturas y poesías. Algunos martes la usaban para exposiciones de artes, los lunes era música instrumental, el domingo siempre venia la misma muchacha a tocar y los sábados venían "DJs". Al fondo se encontraba Hugo con un trago en la mano. Me acerque y este se percató que me acercaba.

-¡Gael! ¿Qué te ha sucedido?- me lo dijo con mucho asombro. En ese momento me percate, que tenía que verme fatal.

    Suspire y le dije- Nada bueno.- pedí una cerveza y comencé por contarle todo a Hugo, desde el momento que tuve mi primera cita con Amalia, hasta el momento que por poco muero atropellado. Hugo no podía creer que aquello me hubiera sucedido y quiso ser solidario conmigo. Me invito par de cervezas y se comunicó con los muchachos, para hacer una fiesta de emergencia y todos aceptaron. La hora coordinada; las 9 de la noche.

    Llegue a mi apartamento y esta vez decidí entrar el monstruo apestoso e ir tras él para cazarlo. Anduve tres horas combatiéndolo Para cuando había terminado, el piso estaba reluciente. Me di un duchazo escuchando música muy animada y me vestí muy cómodo. No hacía tanto frío. Opte por unos pantalones mahonés, una camisa corta color blanca, un abrigo de cuero y unas zapatillas deportivas. Cuando bajaba por las escaleras del edificio me topé con Gurty y sus palabras fueron.
-Todo estará bien.- y siguió subiendo las escaleras.

    Ya sospechaba que Andrea, el espíritu, le había comentado la situación. Salí a la acera y todo estaba muy tranquilo. Solo un par de personas transitaban por la misma y unos cuantos coches llevaban a sus habitantes a algún cóctel de quien sabe quién o qué.

    Tarde 20 minutos en llegar al edificio de Felipe y allí todos me recibieron acogedoramente. Lo más que me sorprendió fue ver a Hugo agarrado de manos con Mirna, andaban muy coquetos los dos y ya sospechaba que había surgido lo que tanto ellos querían; ser novios. El piso de Felipe es amplio, me imagino que debe ser porqué está en la zona cara de la ciudad: las paredes son color blanco y tiene una sala muy amplia, una mesa de cristal adorna el centro y justo debajo una alfombra color charol, para llegar a la sala tienes que bajar un escalón. La cocina es muy amplia y consta con su propia barra, el comedor no es tan grande, pero sobre la mesa de cristal cuelga una lámpara negra moderna. El baño tiene una bañera enorme y la loza es color terracota sutil. Tiene dos cuartos y son enormes. El balcón es lo más que me gusta, da a la avenida principal y es muy acogedora. Nos encontrábamos todos en la sala, estábamos esparcidos. Algunos estaban en el sofá o en sillas traídas del comedor y la barra. Otros estaban recostados sobre la pared con una copa de vino y yo me encontraba en el piso, al lado de la chimenea con una copa de vino, contándole mi situación a detalle. Todos quedaron callados cuando termine.

Solamente Esteban comento. -¡Que perra es!

Seguido por Arlan que se expresó diciendo.- Luego nosotros somos los Gilipollas.-

Todos intercambiamos miradas. Mirna alzo la copa y dedicó un brindis.- Brindo porqué a Gael no le vuelva a pasar esto, porque no encuentre otra piltrafa que le haga lo mismo. ¡Salud!

Luego de reírnos un rato todos al unísono repetimos. ¡Salud!

    Elena llegó luego del Brindis, pero aun así se puso al tanto y lo lamento mucho. Ya era medianoche y teníamos los ánimos a mil. Decidimos ir a por nuestros abrigos y salir a tomar en una discoteca que quedaba a unas manzanas de distancia.

     En el local había poca iluminación y la música te cautivaba e invitaba a bailar. Yo me encontraba sentado mientras Diana hacía de las suyas en la pista, Hugo y Mirna iban por tragos, Esteban y Felipe se acariciaban y yo junto a los demás terminábamos nuestros tragos. Ya entrabamos en una zona en la cual todo era risa y diversión. Toco una canción que nos gustaba a todos y espontáneamente fuimos a bailarla en la pista. Baile con Elena muy pegado y al final de la canción no me pude contener y le di un beso. Ella me correspondió y terminamos en mi piso. No me acuerdo mucho que paso luego, pero sé que mientras escribo esto ella prepara café.

Hasta una próxima Lectores.