miércoles, 16 de septiembre de 2015

Sofía La De Las Botas Azules

     La ciudad se empapaba con el roció de la mañana, los semáforos danzaban al son de la brisa que brotaba de las calles aledañas e iban acrecentándose aquella fría mañana de diciembre. En alguna acera de aquella ciudad Sofía andaba a saltitos y sostenía, en su mano izquierda, un paraguas azul. Aquella niña aparentaba una inocencia juvenil y fresca, pero nadie sospechaba que tenía 33 años, solo quien la conocía sabía ese dato. Siempre llevaba puestas unas botas azules, paseaba por la ciudad buscando objetos extraños. Quien la observaba no sospechaba que Sofía era de esas personas que buscaban en los escombros, los que se hacían llamar “Busca Tesoros”. Aquella mañana no había ningún turista por la acera que desease tirarse una foto u observarla extrañado, como solían hacer. Los gatos callejeros indagaban en la basura, en búsqueda de su último bocado de comida y los cachorros  entonaban una cacofonía anunciando la mañana y jugando a ser gallos mañaneros.

    Emprendió el paso a un callejón cercano y allí hurgando entre la vida de las personas encontró un paño ensangrentado envolviendo una carta y una llave, la nota tenia inscrito algunos garabatos que alcanzaban puramente a ser letras, pero la luz del callejón no ayudaba mucho. Ella enrollo el paño y lo introdujo en su chaqueta. Buscó un rato entre la basura y no pudo más que hallar algunas cosas de costumbre, batidoras dañadas, relojes en desuso, papeles de cuentas vencidas, cubiertos mohosos y cosas de costumbre. Se dispuso a salir del estrecho, cuando un sonido le llego a sus espaldas. Se volteo y aguzo la audición, para descubrir que el sonido era causado por algo detrás de un zafacón; lo que llamo su atención fue el llanto de un bebe...