miércoles, 15 de julio de 2015

Diario de un chico escrito por un desconocido; Mónica

     Hoy desperté con muchos sentimientos en mi interior, no tenía razón por la cual estarlo así que lo asocie a un sueño que no recordaba y continúe con mi día. Me topé con Madamme Gurty en la acera y le comente lo de las flores. Seguí mi paso y llegue al metro, lo tome y los audífonos me acompañaron, escuche canciones que me hicieron recordar a alguien y esta vez no retuve a esa persona, sino que la deje fluir como el humo del cigarrillo que fumaría al salir de la estación. Un frio mortal arropaba el campus y con cuchillo en mano te perseguía por los pasillos. Pobre chica la que posaría desnuda para la clase de exteriores. Cruce el campus para ir a un café que hacia esquina en la avenida Boul y que su ventanal daba a un parque con un nombre de algún prócer menor. Ordene al que sería el detective que esclarecería el caso del frío; un chocolate caliente. Me senté en una mesa con vista al parque. Los árboles, secos, no daban sombra a amantes felices, no se veía vendedores ambulantes y tampoco niños jugando en pantalones cortos. Allí estaba yo, dentro del café escuchando una música de fondo que provenía de un radio, una canción algo calurosa que te transportaba al verano. Una guitarra a un ritmo muy movido y una voz que te arropaba y te calentaba. Eso escuchaba y ambientaba la atmósfera del lugar. Un árbol llamo mi atención y todo el paisaje, de un momento a otro, cambio. Creció la grama verde inexistente, el cielo se despejo de nubes existentes, al árbol le nacieron hojas de primavera y bajo el mismo, surgidos de la tierra, afloraron una manta, flores y dos amantes pasajeros que felizmente se sonreían. Bajo aquel árbol estábamos Mónica y Yo, era su cumpleaños; medio año atrás. La veía sonreír como siempre. Al parecer, a ella, siempre la primavera arropaba su corazón y nunca la podía ver triste, pero me equivocaba perfectamente.
     Un par de meses atrás había despertado con una nota en el lado de la almohada, donde ella acostumbraba dormir con su pelo revuelto. En la nota se leía “Me aburrí, lo siento mucho nunca fue mi intención.” No lo podía creer, marque a su móvil y no contestaba, le escribí por texto y nunca lo contesto. Me levante con una rabia inmensa, destroce la cama, le di puños a las almohadas mientras gritaba y me decía que era un estúpido que jamás debí confiar. Tire al suelo las fotos que estaban en mi mesa de noche, volví a la cama y le di más puños, fui al comedor tratando de descargar la rabia que sentía y encontré un florero que no me gustaba mucho y fue a parar contra la pared de la sala. Me tire al sofá y volví a leer la notita de Mónica “Me Aburrí…” ¿A caso para ella fui un objeto? Un objeto de los cuales uno por usar tanto se aburre. Uno se aburre de la casa, uno se aburre de una canción, uno se aburre de unos zapatos y quizás hasta de una comida ¿Pero de una persona? Es tal la ignorancia cargada por una persona que puede aburrirse de la gente. ¿Dónde queda la comunicación? Y nosotros la teníamos. Lloré toda la mañana en el sofá, visité la ducha para llorar; otra vez. Me tire en la cama, aun desvestida, desnudo y agarre la almohada de Mónica queriendo tenerla allí para mí, queriéndola desnuda gimiendo sobre mí, queriéndola dormida con sus mechones sobre la frente obstruyendo nuestro contacto visual, queriéndola enojada por las cosquillas que le hacía, queriéndola para mí, queriéndola ver en mí camisón azul con su taza de café, color azul(le gustaba mucho el azul) queriéndola ver con sus manías de no besarme hasta después de cepillarse los dientes, queriéndola ver espantada por los temblores de tierra, queriendo ver el tatuaje de su espalda el cual besaba apasionadamente mientras ella dormía y se le erizaba la piel. Queriéndola, deseándola y añorándola. Me tire en la cama y no quedo más que oler su almohada y sentirla conmigo mientras me recriminaba que había hecho mal, porque se había alejado de mí. Nunca pensé que mi interior podía guardar tanto sentimiento de tristeza y que albergaba tanta agua. Sin sospecharlo me quede dormido y me desperté escuchando el móvil. Conteste sin ver quien llamaba. Para mi sorpresa era Mónica preguntando como me encontraba. Su voz estaba cargada de tristeza y yo no encontraba palabras.
-Lo siento, no fue mi intención. Espero algún día me perdones. No quiero alejarte de mi vida Gael.
No tenía palabras para reprocharle y menos para odiarle. -¿Por qué, por qué? Solo me pregunto eso.
-No hiciste nada malo.- me dijo- Solo es que necesito tiempo para encontrarme.
Saque fuerzas de mi interior y haciéndome el fuerte le dije -Entiendo. Pues espero que te encuentres y que sepas que mi apoyo lo tienes. Hasta luego- y corte la comunicación. Para que no escuchara como me derrumbaba en llantos.
     Pase algunas semanas tristes y donde todo me acordaba a ella. Aquel día tan pronto le colgué, la elimine de cualquier red social que la tuviera e inclusive bloquee sus llamadas, aunque me doliera mucho, mi orgullo valía mil veces lo que vale una persona. Llevo tiempo recordándola y a veces me pregunto cómo estará si aquellos bajones emocionales le dan aun y lo que más curiosidad me da es saber si tiene a alguien que los soporte como lo hacía yo. Si tiene a alguien que la apoye en su carrera como yo, si alguien valora sus pinturas como solía hacerlo yo. Si alguien es capaz de admirarla, de besarla, de molestarla como solo yo podía hacerlo. Arriesgue mucho por ella y no digo que ella también lo hiciera. Yo sé que valoro lo que ella hizo por mí. No sé si en estos momentos me lea, pero si lo haces. MUCHAS GRACIAS POR APOYARME.SABES QUE YO TAMBIÉN TE APOYO.
    Mis recuerdos se vieron empañados por una muchacha que me vio llorando y pregunto si estaba bien. Sinceramente no sé cuánto llevaba llorando. Me enjugue las lágrimas y le dije que estaba bien, que solo eran recuerdos del pasado.
-Si deseas puedes compartirlos. No hay nada mejor que compartir tus tristezas con un desconocido. No puede juzgarte y puedes manipular la historia como quieras.
-Tienes razón. Te contaré si tú también me cuentas. Porque te he visto par de veces en la universidad muy cabizbaja. – cierto era, la había visto muy triste en la universidad,
-Trato hecho.
    Me contó su historia, se llamaba Elena y estudiaba Arquitectura, había perdido a su madre hacían par de meses por culpa de una bacteria extraña y por eso la podía ver así. Lo más que le frustraba era saber que su madre se fue sin saber que a su hija le atraían las mujeres. El sueño de su madre siempre fue verla casada con un hombre. Ahora Elena se veía en la lucha de ser quien ella en realidad era. Yo por mi parte le conté de Mónica y porque me encontraba así. Señale el árbol que me había hecho recordar y ella acento con la cabeza, luego la vi algo pensativa y espontáneamente me dijo.
-Sígueme.
Me quede extraño, pero aun así cogí mi chaqueta y fui a enfrentar al asesino. Llegamos al árbol y allí me miró fijamente y me dijo.
-Piensa que el árbol es ella y desde hoy la dejaras aquí para que sea feliz donde corresponde. Trátala como el objeto que pensó que eras.
-Pero ¿porque?
-Esto me ayuda mucho cuando tengo problemas. Pienso que los objetos son feliz donde están y en especial las plantas. Así que lo asemejo con la persona que quiero, si ella es feliz yo lo soy. Solo es un consejo.
-Te extraño y eres lo mejor que me ha pasado. Quiero que seas feliz.- Le dije con un poco de esfuerzos al árbol.
Elena me miro y me dijo –Que tonto te vez haciendo eso.- Luego rió a carcajadas.
Aproveche que estaba envuelta riéndose e hice una bola de nieve que fue a parar a su pecho.

    Esa noche terminamos en el apartamento de Nicol, que me había invitado a una pequeña reunión. Le pregunte si podía llevar a una amiga y me dijo que sí. De camino a la actividad le explique más o menos como eran mis amigos y al llegar todos la recibieron con afecto. Luego les contaré un poco más sobre las reuniones que hacemos, pero ahora; acostado en mi cama, solo pienso en los rizos de Amalia.