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lunes, 31 de agosto de 2015

Diario de un chico escrito por un desconocido; Tragedia inesperada

Anoche fue de esas noches en las cuales das muchas vueltas en la cama y no puedes conciliar el sueño. De esos días en los cuales tienes sueños perturbadores. Una pesadilla me sorprendió justo cuando el reloj marcaba las 4 de la madrugada. Un sudor frío se apoderaba de todo mi cuerpo y una gota bajaba por mi cabello. Volví a buscar el sueño y no lo encontré, decidí salir de la cama y estipular que mi día iba a estar mejor. Sin camisa y en pantalones de dormir, fui a preparar un té. Me senté en el sofá con la taza humeando y encendí el televisor. Una imagen de un túnel raquítico y lleno de grafitis acaparo la pantalla, mientras que en la esquina superior izquierda salía una foto de Amalia. Mi cara quedo perpleja y quede más perplejo al leer el pie de la foto. “ULTIMA HORA: Crimen espeluznante en el túnel Amador Torro”. Tome el mando a distancia y subí el volumen para escuchar la noticia. La mujer ancla de algunos 45 años, vestida de chaqueta, pelo negro recogido en una cola de caballo, lentes, bien maquillada y con la mirada fija a la cámara; decía.
-En otras notas, el equipo acaba de llegar a la escena del crimen de uno de los asesinatos más violentos en los últimos meses. Se trata de una joven de algunos veintitrés  años, de nombre Amalia. Se cree que está relacionado con al asesino en serie llamado Mis. El nombre se le atribuye a que sus víctimas son mujeres que rondan el mismo rango de edad y todas son descuartizadas. En la escena del crimen se encontró el arma homicida, se espera que contengan las huellas dactilares del culpable.- con una sonrisa dulce y como si nada hubiera pasado cambio instantáneamente a otra noticia.- En otras notas el famoso actor…
    Apague el televisor y solo en mi mente pasaba la imagen de Amalia. Tan bella, tan dulce, simpática, su piel delicada, su risa sutil, aquella mirada que me dio en el restaurante. << ¡El abogado!>> exclame para mí. Quién sabe si ese tipazo es el culpable. ¿Qué parte jugaría yo? ¿Estaría bien decirle a la policía o pensarían que solo soy un tipo con celos? El móvil me saco de pensamientos, era Hugo. Acababa de ver las noticias porque tampoco podía dormir. Me llamo para decir que vendría a mi apartamento.
     Estuvimos toda la maña tratando sacar conclusiones. Las noticias acaparaban todos los medios. Todos con versiones distintas, pero lo que si concordaban era como la habían asesinado. Antes de decirles como la encontraron, quisiera decirles que me comunique con la policía anónimamente desde un teléfono público de la acera y les comente que Amalia estaba saliendo con un abogado.
    El cuerpo fue encontrado calcinado y sin ropa. Según las pruebas toxicológicas le habían dado un fuerte alucinógeno y la habían llevado al túnel, algunas personas la vieron salir de una discoteca en la madrugada, pero andaba sola y divagaba. Un vagabundo la vio entrar al túnel, pero esta nunca salió, entrevistaron al señor en las noticias y llorando decía que él no había hecho nada, solo vio como el cuerpo ardía y se comunicó inmediatamente con las autoridades. Salieron imágenes del arresto del abogado y yo esperaba con ansias que el fuera el culpable.  
     Yo no podía hacer nada, no sabía cómo sentirme. Fue alguien especial para mí. Mis amigos vinieron a mi piso a ver cómo me encontraba. Madamme Gurty me visito y me hizo una sesión para que me sintiera mejor. Según Andrea, Amalia se encontraba reacia a aceptar su muerte. Gur me dijo que era cuestión de tiempo el que Amalia aceptara su destino. La familia se comunicó conmigo para ver cómo estaba. Ellos no tenían conocimiento de lo que había pasado y me pidieron disculpas. Ya en estos días los estaré recibiendo por tres días en mi piso, para que hagan los transmites para llevarse las cenizas de Amalia y sepultarlas en su tierra natal.


sábado, 1 de agosto de 2015

Diario de un chico escrito por un desconocido; Festival. Día 2

    Desperté y el cuarto se alumbraba asquerosamente con la bella luz del sol matinal. Allí, frente a mi cama, se encontraba la chimenea, que aún luchaba por arder. Las cortinas habían sido despejadas y unas  partículas diminutas realizaban una coreografía. Eran las mismas finas partículas que cuando niño intentaba alcanzar todos los sábados al amanecer y siempre las imaginaba como danzantes místicos que solo yo podía verlos (Cuando la realidad es que solo son pequeños fragmentos de polvo). Siempre eran los sábados, aquellos días en los cuales me despertaba temprano y los amaneceres se me hacían, aunque aún se me hacen, muy típicos. Igual que los atardeceres de los domingos. Me despoje de las sabanas color cobre y fui al baño a desperezarme. Me acerque al espejo y vi que mi reflejo se veía algo más tranquilo que otras veces, volví al cuarto y  me acerque a la mesa donde estaba la portátil y mis lentes, justo al lado de mi cámara. La habitación tenía un balcón con vista a la parte trasera de la casa, así pude ver el árbol y en la falda de la colina se encontraba Amalia junto a su hermano y los seis cachorros. Aquella escena fue propicia para fotografiarla y así lo hice. Amalia, con su pijama, rodaba por aquel prado y su hermano la seguía. Ella me vio y al instante adquirió una apariencia más seria. Se despojó de la suciedad con un rápido movimiento y  me grito, desde abajo, que bajará a desayunar.
     En el centro de la mesa me esperaban algunas frutas y Mariel se paseaba con una bata por la casa. Venia de la sala, donde se encontraba Radames leyendo el periódico, con la cafetera en  la mano. Mariel me observó y rápido me abrazo.
-Aquí se creen que estudie para ser mesera, pero olvídalo. Dime  ¿Qué tal pasaste la noche? ¿Qué quieres desayunar?- poniendo a hacer más café en la estufa y secándose las manos en la bata.
-Ehh, no sé. Lo que haya, me conformo con café y frutas.- Tomé asiento mientras Amalia entraba con su hermano. Me saludaron y se sentaron en la mesa junto a mí.
-Ok. Qué tal si te preparo un revoltillo, tomas café y también puedo hacerte jugo de lo que desees, y de postre te preparo una ensalada de frutas. ¿Te apetece?
- Suena exquisito.
Por su parte Amalia y Miguel dijeron al unísono. -¿Por qué nunca nos preguntas que queremos de comer?
Mariel les replico que no eran visita. Por su parte Amalia me puso al tanto de lo que haríamos durante el día.
     Luego del desayuno, todos partimos a cambiarnos de ropa. Yo opte por unos pantalones cortos color caqui en conjunto con una camisa roja y unos mocasines de un tono semejante al pantalón, me equipe con mi cámara y salí al ataque. Amalia por su parte quiso llevar un traje corto de color violeta y su cabello lo llevaba amarrado. Mariel se vistió con un traje de estampados de hojas y llevaba un sombrero. Me percate que Radames y Miguel casi siempre se vestían semejantes. Los dos llevaban un pantalón corto color negro, una camisa manga corta color blanco y unos zapatos del mismo color que su pantalón.
    Un verde refrescante se extendía por aquella pradera inmensa y se mezclaba con los carros, personas y una que otra carpa. Una brisa primaveral azotaba mi rostro y revolcaba el pelo. En medio del prado un inmenso árbol acaparaba la atención y gritaba para que lo vieras << Mira lo hermoso, grande y fuerte que soy. >> Aquel monstruo fácilmente podía medir seis jirafas de alto, una encima de la otra; con su cuello extendido. Y de ancho algunos cuatro elefantes pegados. Era aparatoso y fuera de lugar. Muchas rocas salían expulsadas del suelo y algunas tenían musgos encima de ellas, otras se veían impecables. En aquel lugar, según Mariel, se encontraba el yacimiento de los primeros habitantes de la región. Aquellos habían sembrado el árbol y lo habían bautizado como Caroch que para ellos era “él que lo ve y siente todo.” Para muchas tribus antiguas los árboles eran sinónimo de sabiduría y en la del pueblo de Mónica no podía faltar.
     Bajo el árbol habían colocado una tarima donde se presentaban los espectáculos artísticos. En ese momento, sobre la tarima, se encontraban tres jóvenes; dos chicos y una chica. El pianista con algunos 20 años y una espesa barba roja con una voz muy agradable, el guitarrista de algunos 25 años no llevaba barba, solo unos espejuelos con un marco negro y tocaba los acordes perfectamente. La chica parecía sacada de un lugar mítico, tenía el pelo corto, una piel delicada y tocaba el violín tan sutilmente que te hechizaba con su sonido. Todos eran buenos músicos y sus voces los complementaban. Las personas se sentaban en el piso y nosotros, Amalia su familia y yo, no fuimos la excepción. Allí en el suelo, bajo la sombra del árbol, la brisa fresca que se colaba, el público a nuestro alrededor, las bebidas y el espectáculo que se suscitaba, todo era mágico y transpiraba una tranquilidad sinigual.

    Paseamos por las áreas de juegos y allí, en un simulador del viejo Oeste, gane una Amatista y me disponía a ganar otra vez para obsequiarle mi premio a Amalia. Pero antes de ganar esta lo hizo y se ganó un cuarzo rosado. La feria primaveral resaltaba el lado espiritual del pueblo, era una región muy conservadora y comprometida con el ambiente. Donde quiera que observaras todo te transmitía alegría. Le pregunte a Amalia como había sido capaz de dejar un lugar tan perfecto como aquel. Ella me contesto que todo lo hacía por su bien, quería superarse como persona y que lo más probable era que volvería cuando culminara los estudios. En otras áreas vimos bonsáis extraños y plantas exóticas. Una especie de telaraña llamo mi atención, era en forma de pentágono y tenía una amplia gama de colores. La curiosidad me invadió y le pregunte al vendedor, que gentilmente me explico que aquella telaraña era natural, era tejida por la misma araña y los colores que se veían era solo un efecto de la luz solar. Muchas personas contaban que el color que más influenciaba en la telaraña reflejaba el animo, otra función del artefacto era atrapar las malas vibras y hacerlas presa de la araña. Otro objeto fue un lente que captaba el Aura de las personas que luego de debatir en mi interior, termine comprándolo. La feria estaba llena de objetos excéntricos y muy curiosos. Acabado el espectáculo musical, nos trasladamos a un área en arena y donde se encontraba una enorme fogata. Tomamos asiento y como a eso de las 9:30 de la noche comenzó el espectáculo. Tres muchachos sacaron tambores, algunos sacaron guitarras y los demás los acompañábamos cantando. NO deje pasar la oportunidad de captar aquella actividad y saque mi cámara. De lo que saliera de esa noche enviaria algunas a una galería y otras las enviaría a revistas reconocidas. La noche siguió alegre hasta aproximadamente las 2:00 de la mañana, cuando la fogata se extinguió y el festival se daba por terminado.

    Son las 5:30 de la mañana y desde aquí, frente a la computadora, puedo apreciar como la colina del árbol se ilumina y me tienta a ir. Me prepararé una taza de café y así como estoy en pijama, camisilla y descalzo pretendo tumbarme bajo el árbol para ver el amanecer desde allí. No sin antes llevarme mi cámara fotográfica y despedirme de ustedes. Luego les contare que tal mi día. Hasta la próxima Amigos.

martes, 21 de julio de 2015

Diario de un chico escrito por un desconocido; Pueblo Ajeno. Día 1

     Tuve una cena con Amalia. Fuimos a comer a una pequeña cafetería; nada formal. Conversamos y nos íbamos conociendo poco a poco. En la mesa donde nos encontrábamos surgió un tema común; nuestros orígenes. Ella me explico que no era de la ciudad, había nacido en una región un poco lejana a la cual se tardaba en llegar dos días, era un pueblo muy bonito según me iba contando. La curiosidad se apoderaba de mí y cada vez me hacía ilusionarme con aquellas pequeñas casas de dos plantas, con un extenso patio, una cerca en piedra y las personas felices andando por las calles en adoquines y caminos de tierra. Fue tanta la curiosidad que le pregunte.

-Y ¿Cuándo iras otra vez?

-No voy hace tres años y quiero ir en estas vacaciones, pero no tengo dinero para el pasaje y mis vacaciones son en dos días.

     Tres días, luego de la cena, me encontraba en aquella extensión de terreno fértil y caluroso. Cuando no hubo espíritu alguno que nos recibiera en la parada del bus; la plaza del pueblo. Amalia había olvidado por completo que para esas fechas se celebraba, en el pueblo, uno de los festivales más pintorescos y visitado por todos en la región. Cruzamos la plaza y llegamos hasta un establecimiento, el único abierto, allí nos atendió una señora muy bajita con una pañoleta en la cabeza y muchas arrugas. Amalia se presentó y la dama se alegró de verla. Desde el teléfono de la tienda se comunicó con su madre y al poco tiempo llego un carro compacto color amarillo, se bajaron tres personas, dos hombres y una mujer; su padre, hermano y su madre. Salieron disparados y la abarrotaron de besos y abrazos.

-Cuanto tiempo mi pequeña- Le dijo el señor de rizos canoso, con abundante barba y una estatura considerable. Llevaba una camisa de mangas corta con un estampado de anclas y unos pantalones caquis.

-Mi pequeña rizos.- Le informo la señora que llevaba un traje a las rodillas, de  manguillos color 
violeta con un estampado de puntos blancos. Llevaba el pelo corto y era negro, nada parecido al de su hija. En cambio los ojos eran del mismo color aceituna que los de su niña.

-Hola pioja, te extrañe estos tres años.- Le comento el hombre más joven, aquel que aparentaba con su barba escaramuzada algunos tres años mayor que la “pioja.” Llevaba aquel pelo lacio y castaño atado en una cola de caballo. Estaba vestido casi igual que el caballero, lo único que su camisa tenía un estampado de autos.

Cuando todos terminaron de saludarse, Amalia me presento.

-Mami, Papi, Miguel. Él es Gael, un amigo de la ciudad y quien me ayudo a venir.

-Gael- dirigiéndose hacia mi.- él es Miguel; mi hermano. Radames; mi padre y Mariel; mi madre.

-Mucho gusto hijo.- El padre me saludo.

-El placer es mío señor.- respondiéndole el saludo.

Miguel tendió su mano y cuando la tome, me acerco hasta él y me dio tres palmadas en el hombro. –Gracias por traerla. Ya la extrañaba.

Por su parte Mariel me dijo.-Ven acá muchacho, dame un abrazo.- y así hice. Al parecer les agrade de primera instancia.

     Luego de la presentación, nos montamos en el auto y partimos por aquellas calles de adoquines grises que Amalia me había detallado. Mientras la familia se actualizaba yo vagaba mi mirada por aquellos prados de un verde muy alegre y con casas de dos plantas de colores, la mayoría tenían cercas en madera. En algunas casas pastaban vacas y en otras ovejas, era un paisaje muy bonito para apreciar y plasmar en fotos o pinturas.

    Al cabo de media hora en aquella vía, nos desviamos en una bifurcación y tomamos un camino que cruzaba un bosque lleno de vida y sonidos. Anduvimos aproximadamente diez minutos y al cerrarse el camino, me topé con la casa más hermosa que jamás haya imaginado. Era una estructura de dos plantas, la parte inferior era en concreto y la superior en madera tratada. Tenía una terraza en el costado derecho, la misma tenía una vista a una piscina, natural, que se alimentaba de un riachuelo que surcaba el bosque. El otro costado tenía un balcón y daba a un extenso prado. Tras la casa a unos setenta pies había  una cima y en la misma un árbol solitario muy frondoso. El auto aún no se detenía, cuando 6 perros salieron corriendo del bosque. Yo aún estaba estupefacto por tanta belleza. Amalia se bajó e instantáneamente los cachorros le saltaron y mancharon su ropa. Ella como si nada hubiera pasado se tiró al suelo a sobar la pansa del que parecía ser el más viejo de la camada. Un perro peludo y gris. Yo aún no me bajaba cuando un cachorro pequeño salto al auto a buscar juego. Aquello parecía la escena de una película que en mi niñez había visto, en la cual una pareja rescataba muchos dálmatas. Tome al animal en mis brazos y salí del auto.
  
  El interior de la casa era igual de esplendido que el exterior. Al entrar te topabas con un gran salón extenso. Una mesa en la esquina recibía la correspondencia y las llaves, en el centro del salón un piano en caoba decoraba el espacio y bajo el mismo una alfombra. En la esquina posterior había un juego de sillas y en el centro una mesa para tomar el té y en la otra esquina algunas piezas extrañas, en el centro y sobre el piano había una bonita lámpara llena de cristales. En las paredes se veían algunas fotos y pinturas. A mano derecha había un pasillo pequeño, ahí estaban las escaleras para llegar al piso superior, al final había una sala con bonitos asientos y cortinas de tonalidades pasteles. La sala de estar tenía una puerta en cristal que daba a la terraza. Luego de la sala venia otro pasillo con tres puertas. La primera daba a un cuarto de limpieza, la segunda daba a la biblioteca de la casa, un espacio amplio lleno de estanterías con libros y objetos extraños, Radames coleccionista de objetos extraños y trabajaba para el instituto de arte. La tercera puerta era blanca y daba a la lavandería, justamente frente a la puerta de la lavandería se encontraba la cocina y seguido estaba el comedor. El salón comedor era amplio, con una extensa mesa y una vista a la parte posterior de la casa. El baño estaba justamente al lado del comedor. Luego le seguía la sala familiar, con el televisor unos muebles y otros objetos. Al salir del cuarto familiar te encontrabas en el salón del piano. Al subir las escaleras te encontrarías con cinco cuartos y dos baños.


    La hora de la comida llegó y con ella los abuelos de Amalia. Ya me iba familiarizando con ellos, al día siguiente iríamos al festival y a conocer al pueblo. Les conté de donde provenía y quedaron encantados. Ahora tengo que despedirme ya mañana me toca conocer más del pueblo…